En estos días, coincidiendo con la creación de una nueva sociedad enfocada a proveer la tecnología necesaria a las agencias que se quieren enfocar a los social media, han llegado a mis manos dos contenidos muy interesantes respecto a la motivación y la actividad emprendedora. El primero de ellos es un libro tradicional, un best-seller escrito por Robert Kiyosaki, que algunos ya conoceréis: Padre rico, padre pobre. Si entráis en la Web vais a advertir que necesitan de manera urgente una nueva estrategia en Internet. El segundo es el vídeo que podéis ver al final del post, creado por la Royal Society for the encouragement of Arts, Manufactures and Commerce (RSA). Desde perspectivas y lenguajes muy diferentes, ambos nos hacen ver la complejidad de uno de los elementos clave para llevar una compañía hacia el éxito y la mejora de sus productos y servicios: la motivación de sus empleados.

El libro de Kiyosaki nos aconseja directamente crear nuestra propia sociedad en lugar de confiar en una carrera profesional exitosa dentro de las empresas de otros. Por otra parte, podemos ver en este magnífico vídeo cómo el factor económico no puede sostener por sí mismo toda la estrategia de incentivación de las personas y aporta otras ideas como la autonomía en la gestión o el ideario corporativo de las empresas. Una compañía que tiene como único objetivo ganar dinero, no debe pretender que sus empleados se alineen con sus directivos y respeten sus principios corporativos.

El problema de la motivación es acuciante en las grandes empresas, y subir el sueldo o los incentivos puede llegar a ser solo una pequeña venda en la herida, que seguirá sangrando en términos de productividad y costes. Y lo que es peor, que redunde en un grupo dividido por las diferencias salariales y con poco o ningún sentido de equipo. Tendemos a gastar más, y a pedir más dinero a medida que crece nuestro poder adquisitivo, y el umbral de satisfacción al contrario de lo que cabría pensar es cada vez más pequeño. Por eso, hoy y en los próximos años van a hacer falta empresarios y directivos que aprendan a pensar diferente respecto a la motivación, que sepan llevar a cabo una verdadera revolución silenciosa al frente de sus compañías. Pero, sobre todo, será necesario que nos planteemos si queremos seguir atenazados por el miedo a perder un puesto cada día menos “fijo” o estamos dispuestos a vivir nuestra propia aventura empresarial. Llegó la hora de los valientes.

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