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Carta abierta de Mark Zuckerberg

Carta abierta de Mark Zuckerberg, fundador de Facebook
Facebook acaba de alcanzar los 350 millones de usuarios y vamos a hacer algunos cambios para dar un mejor servicio a esta comunidad en crecimiento. Para leer la carta de Mark, haz clic aquí.

A todos los usuarios de Facebook:

Este ha sido un gran año, durante el cual hemos hecho del mundo un lugar más abierto y conectado. Gracias a vuestra ayuda, más de 350 millones de personas utilizan Facebook en todo el mundo para compartir sus vidas online.

Para que esto fuera posible, nos hemos centrado en daros las herramientas necesarias para compartir y controlar vuestra información. Desde la primera versión de Facebook, creada hace cinco años, hemos desarrollado herramientas que os ayudan a controlar qué información compartís y con qué individuos o grupos. Pero esta tarea no está acabada y nuestros esfuerzos por mejorar la privacidad continúan.

El modelo actual de privacidad de Facebook gira en torno a las “redes”, es decir, comunidades vinculadas con tu centro de estudios, tu empresa o tu región. Este planteamiento funcionaba bien cuando la mayoría de usuarios de Facebook eran estudiantes, ya que era lógico que quisieran compartir contenido con compañeros de estudio.

Con el paso del tiempo empezamos a recibir peticiones para que añadiéramos redes para empresas y regiones. En la actualidad, tenemos redes incluso para países enteros, como India o China.

No obstante, puesto que Facebook ha seguido creciendo, algunas de estas redes reginales tienen hoy en día millones de miembros, y hemos llegado a la conclusión de que este formato no es el más conveniente para que nuestros usuarios tengan el control de su privacidad. Casi la mitad de todos los usuarios de Facebook pertenecen a una red regional, por lo que se trata de un tema importante para nosotros. Si construimos un sistema mejor, más de 100 millones de personas tendrán aún más control sobre su información.

Nuestro plan es eliminar totalmente las redes regionales y crear un modelo más simple para el control de la privacidad mediante el que podáis decidir si el contenido estará disponible para vuestros amigos, los amigos de vuestros amigos o todo el mundo.

Hemos añadido una función que muchos nos habéis pedido en más de una ocasión: la posibilidad de controlar quién ve los contenidos que creáis o cargáis en Facebook uno por uno. También vamos a satisfacer otra petición que hemos recibido de muchos de vosotros: simplificar la página de configuración de la privacidad combinando varias de las opciones. Si recordáis, empezamos a hablar de estos planes en julio pasado. Si queréis más información, podéis consultar el siguiente mensaje de blog.

Esta actualización eliminará las redes regionales y creará algunas opciones nuevas, por lo que en las próximas semanas os pediremos que reviséis y actualicéis vuestra configuración de privacidad. Os aparecerá un mensaje que explicará los cambios y os llevará a una página donde podréis actualizar la configuración. Cuando hayáis terminado, os mostraremos una página de confirmación para que podáis comprobar que habéis seleccionado las opciones que más se ajustan a vuestras preferencias. Como siempre, podéis cambiar la configuración cuando queráis.

Hemos trabajado muy duro para ofreceros el tipo de control que creemos es el más adecuado, pero también entendemos que las necesidades de cada persona son diferentes. Por eso, a pesar de que os sugeriremos una configuración basada en vuestro nivel de privacidad actual, la mejor manera de encontrar la configuración ideal para vosotros es que leáis todas las opciones y la personalicéis según vuestras preferencias. Os animo a todos a que hagáis esto y a que reflexionéis acerca de con quién estáis compartiendo información.

Gracias a todos por hacer de Facebook lo que es hoy y por contribuir a que el mundo sea un lugar más abierto y conectado.

Mark Zuckerberg

Enviado desde email from diario secundario

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Aquel otoño del 68

AQUEL OTOÑO DEL 68
Por Javier Duro

El otoño de 1968 deshizo melancólicamente las ambiciones políticas del joven estudiante de físicas. Después de aquel viaje a Barcelona en verano, el revolucionario había pasado de las arengas comunistas en el Aula Magna a convertirse en tutor de los hijos del Conde de Solís, mientras residía en su exclusivo palacio de la avenida de la Palmera.

Como decíamos, el otoño apagaba los ánimos del estudiante, mudando ambiciones en pasión por una universitaria de ojos azules, hija de un empresario de profundas creencias religiosas y aspecto nórdico. Como todos los sábados, ella citaba a nuestro protagonista puntual a las 10 de la mañana. Y, como todos los sábados de aquel otoño, cuando el estudiante llegaba al inmenso portón de madera que daba paso a aquella casa siempre fría, el padre de la joven lo invitaba a pasar mientras ella se demoraba en aparecer bajando la escalera como una de esas estrellas de cine arrebatadoras.

Aquí las versiones difieren en la cantidad de minutos, e incluso horas, que aprendía a dominar su impaciencia, pero el hecho es que la espera se le hacía eterna. Por eso, el padre tenía siempre aquel gesto de invitarle al salón azul, donde ambos leían las páginas de una revista universitaria que entonces contaba con una corta vida. El empresario, bigote plateado y gafas de pasta negra, entornaba los ojos y miraba al estudiante hojear los artículos, seleccionando aquellos que su indócil mente juzgaba dignos de un intelectual de su talla. Él, a su vez, fijaba su mirada azabache en la figura del padre que, en una liturgia casi germánica, leía las hojas de la primera a la última, y por este orden. No podía más que sonreír para sí mismo. Disfrutaba plácidamente de la compañía silenciosa y cortés de un verdadero caballero, al que con el tiempo llegó a considerar un santo en lo ordinario.

Volvió de nuevo sus cansados ojos a las páginas de aquel ejemplar de otoño del 68, amarillento y desgastado ya por el paso de los años. Cuatro décadas después, cuando hoy espera impaciente que la hermosa mujer aparezca de nuevo en el salón, convertida en una arrebatadora estrella de cine, se sienta en el mismo sillón y lee de la primera a la última letra del número de otoño de 2009 de Nuestro Tiempo.

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Lo nuevo es viejo

Me he topado con esta carta que escribí en ABC cuando contaba sólo quince años. Es una buena excusa para mirar atrás, han pasado más de doce años y la sociedad no ha cambiado mucho en ese aspecto. Más bien, parece que se estanca en la forja de una generación de insatisfechos. La violencia que describía con un tono que ahora me divierte, es parte estructural de nuestro tejido social. Pero eso sí, hoy tenemos variedad, una fauna de grupos violentos de más riqueza. Hoy, si eres un adolescente con problemas y falta de personalidad, realmente tienes un menú muy amplio. Te puedes alistar en grupos de ultraderecha, anarquistas, ultras de tu equipo preferido de fútbol, pandas latinas, grupos antiglobalización. Además, solo por ser “cani” o “pijo” tienes barra libre en todo tipo de reyertas nocturnas, garantizadas por un consumo de cocaína que se ha disparado en la última década. Pero hoy diría: lo peor ya ha pasado.